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Copyright, propiedad intelectual y derechos de autor. Parecen lo mismo pero no lo son.

por | Nov 29, 2012 | Artículos | 0 Comentarios

En lo que a  protección de las ideas se refiere, nos encontramos con tres términos que se emplean casi indistintamente: propiedad intelectual, derechos de autor y Copyright. Sin embargo no son exactamente lo mismo y aquí quiero intentar trazar la sutil diferencia.

Derecho de autor es un término que se emplea en la legislación europea. De alguna manera este concepto ejemplifica la idea de la propiedad de la creación dentro de nuestra forma de entenderla, como algo que le corresponde al autor de forma natural[1]. Esto marca la diferencia con la legislación norteamericana, al entender los derechos morales como inalienables. Es decir, el autor siempre será el que ha creado la obra, y él siempre será el que decida si su obra se puede modificar o si cree que se ha hecho algo inadecuado y viola la integridad de su creación. Un ejemplo para que veas más clara la diferencia sería el caso de la película de John Houston Jungla de asfalto. La productora americana la coloreó para intentar darle más salida en los años 90, y en Estados Unidos se re estrenó así, pero en Francia los familiares de Houston llevaron al tribunal el caso alegando que él nunca quiso que se colorearan sus películas y era una violación moral de la obra. Y se quedó en blanco y negro para el público francés porque la empresa no puede decidir sobre la integridad de la obra.

Las limitaciones del derecho de autor en España, los usos no controlados que se consideran lícitos (esto es, sin consulta previa a los propietarios del derecho), son la copia privada (que a pesar de ser lícita sí comporta una remuneración, que es conflictivo canon actual[3], la famosa Ley Sinde) y un uso similar al uso justo que plantea la legislación norteamericana (uso educativo, en investigación, etc. siempre y cuando no sea con finalidad lucrativa). Otro día hablaré de en qué términos y qué salvedades de esta legislación son las que emplean las licencias libres.

Copyright, en su traducción literal, es el derecho a copia. Es un término acuñado en Inglaterra, los primeros en tener en cuenta el valor económico de las creaciones intelectuales. Es la legislación que protege las creaciones artísticas, hoy en día lo vamos a encontrar en la forma estadounidense de entender el valor (sobre todo económico, práctico) de estas. El concepto de valor moral que en Europa existe allí no se contempla, permitiéndose la cesión de todos los derechos (el autor puede hasta vender la autoría), y permitiendo que el propietario de estos pueda actuar como convenga con la obra. Inicialmente se pretendía con esto que hubiera un equilibrio entre el incentivo que el autor necesita para crear y el beneficio social que su creación aporta, al no poseer en cierto punto control sobre su obra, los usos se amplían. La ley del Copyright afecta a las copias que se quieran realizar de las obras, y sus limitaciones dentro de la legislación norteamericana son por copia privada (para el uso personal del que ha comprado la obra), el uso justo (para investigación y educación, siempre que sea justificado) y la llamada licencia obligatoria que permite el uso de una obra previo pago de una cantidad sin previo aviso al autor.

Propiedad intelectual. Dentro de la legislación norteamericana, con este término se engloba el ámbito jurídico que abarca el derecho de autor, las patentes, diseños, marcas y otros derechos afines. Por tanto, hace referencia tanto a lo intelectual como a lo industrial. Dentro de la legislación europea, sin embargo, se emplea de forma equivalente a derechos de autor, es menos amplio lo que abarca (García 2008).

Las diferencias en cuanto a la concepción de los derechos de autor van más allá de algo terminológico o filosófico[4], es una forma de entender la economía y de relacionarse a nivel internacional. Aunque parece ser que cada vez se van acercando más las leyes europeas a las norteamericanas[5], y en su concepción básica y práctica de mercado son bastante similares. De hecho cada vez más hay un intento por homogeneizar la legislación a través de normativas internacionales, motivadas sobre todo por los conflictos que se generan por la globalización y la capacidad de la información de distribuirse por todo el mundo.

 

[1] “La cultura europea del Copyright coloca a los autores en el centro, otorgándoles por una cuestión de derecho natural, el control de todos los usos de sus obras que puedan afectar a sus intereses. (…) Por el contrario, la cultura americana de Copyright se centra en el cálculo estricto y utilitario que equilibra las necesidades de los productores de Copyright con las de los consumidores y este cálculo parece dejar a los autores al margen de la ecuación.” (Goldstein 1999: 153)

[2] Una vez desaparecen los mecenazgos, el artista se encuentra sobre una navaja de doble filo. Por un lado es más libre para realizar las obras que él desee, no está controlado por una institución o persona; pero por otro lado el sustento económico se torna más complejo, considerando el valor subjetivo de los bienes intangibles.

[3] El canon es una tasa que se suma al importe que los compradores pagan por la compra de equipo que se emplee para la copia (ya sea un CD por ser el soporte o una grabadora por ser el instrumento que realiza la copia). En España, la legislación marca que ha de ser un precio que acuerden las asociaciones de consumidores, las empresas y las sociedades de gestión de derechos, y se actualiza cada dos años; y en caso de que no lleguen a acuerdo (como ha sucedido hasta ahora) es el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Industria quienes lo fijan.

[4] “Se podría proclamar que  el modelo europeo (secundado por América Latina y Asia) se basa en una filosofía de los derechos naturales (derechos de carácter personalista) y la visión norteamericana está más anclada en argumentos de efectividad y “utilitarismo social” (si es que esa expresión tiene sentido) al preocuparse por los beneficios generales derivados del acceso y la explotación de las ideas.” (Sádaba 2008:139)

[5] Dice Serrano Cañas que “nuestra concepción del derecho de autor (en el que se protege la obra del autor por ser considerada una prolongación de la personalidad del autor) se va transformando día a día, paso a paso, en un verdadero Copyright, donde la obra intelectual es considerada antes como un objeto económicamente rentable que como un reflejo de la personalidad del autor.” (García 2008:52)