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Un poco de historia… de los derechos de autor (I)

por | Dic 19, 2012 | Artículos | 0 Comentarios

Ni soy especialista en historia del derecho ni nada parecido, pero leyendo un poco de aquí y de allá puedo confromar algunas pinceladas sobre la historia de la protección de las ideas. Son cositas básicas, para poder comprender mejor la situación de conflicto en la que vivimos, que siempre se ha dado, y por fascículos para que no se atragante nadie. Siempre que llega una tecnología nueva que ayuda a difundir la cultura, pasa un tiempo hasta que se establecen los usos más habituales (por ejemplo, cuando Edison inventa el fonógrafo, nunca pensó que iba a ser el precursor de la música grabada, sino que pensaba que tendría muchos usos en las oficinas y para estudiantes, para grabar discursos).  Y una vez se establecen los usos, pasa un tiempo hasta que la legislación se acomoda a ellos, y hasta entonces las empresas y los usuarios se encuentran en un tira y afloja que no hace falta explicar porque con echar una visual a lo que pasa con las redes p2p, Ley Sinde y demás, nos basta.

La literatura conviene en situar el nacimiento del Copyright en torno a la instauración de la imprenta en Inglaterra. Hay algún autor que nombra una asociación de papelerías y gremio de escribientes antes de eso, que poseía un gran poder y lo empleaba para controlar el sector; ellos marcaban qué se editaba y qué no, llegando a confiscar y destruir lo que convinieran[1]. Dentro de este mundo, al autor se le pagaba un precio prefijado antes de la edición de la obra, y después de este pago, eran las papelerías las dueñas de la obra y sobre quienes recaía toda la ganancia del texto publicado. En 1710 Gran Bretaña formaliza la primera ley del Copyright[2]. De esta manera, “se racionalizó el trabajo intelectual y, por ende, la profesión artística, el cambio tecnológico y otras esferas adyacentes.” (Sábada 2008:16) Pero el cambio legislativo no era inocuo. “El hecho de incorporar el espacio de la información, el arte o el conocimiento científico a la cadena productiva ha precisado de complejas operaciones institucionales, ideológicas y socioculturales. Asimismo, contemplar las “producciones del espíritu humano” como mercancías, como algo que puede poseerse, acarrea un cúmulo de consecuencias y reajustes sociales no exento de conflictos y novedades.” (Sádaba 2008:16) Así pues, Sádaba considera que la legislación contribuye a la mercantilización de la cultura, a una visión de la obra como un objeto rentable, y ya no como una expresión artística y profunda del creador. La ley constituye la base del asentamiento de la economía de la información industrial según este punto de vista.

Esta primera legislación inglesa es la que Estados Unidos toma prestada para reformularla y generar sus propios derechos en torno a la propiedad intelectual, ya en el siglo XIX. Los modelos legislativos que se generaron en esta época han ido modificándose y variando según se han ido dando los avances tecnológicos. El tiempo que transcurre entre que llega el avance tecnológico y la legislación se adapta ha sido siempre un momento conflictivo, ya que ha supuesto un cambio de modelo económico  para las industrias culturales y para los consumidores. Por poner algún ejemplo que pueda ayudar a visualizar esta situación de conflicto que se podría comparar al actual, me parece oportuno hablar del caso de la música para pianola, sobre todo por la resolución que un exceso de presión legislativa y económica genera  (Goldstein 1999). Los rollos perforados que hacían que este instrumento reprodujera piezas solo fueron un problema en Estados Unidos. En torno a 1831 las partituras musicales estaban protegidas por la legislación, pero no los rollos, y cuando estos se popularizaron, los autores y editores de partituras vieron mermar sus ventas, además consideraban que en los lugares públicos como restaurantes que empleaban estos rollos para ambientar se estaban lucrando con su música. Después de varias presiones por parte de la industria, finalmente se aprobó la protección de la música que se reproducía en las pianolas y empezaron a cobrar también por las grabaciones de sus piezas en los rollos y discos.

Bajan las ventas y lo achacan a nuevos formatos… hacen presión y consiguen que la ley cambie… ¿os suena de algo?

 


[1] “Mucho antes de que la imprenta llegara a Inglaterra, la asociación de papelerías se había establecido en Londres como un gremio de escribientes, encuadernadores y vendedores de libros. Con el paso de los años llegó a ser un cartel muy poderoso y cerrado, con el único fin: el mantener el orden y los beneficios en el sector editorial. A mediados del siglo XVI, las imprentas sustituyeron a los escribientes en el registro de la asociación, y ésta ocupó el lugar de la Corona como fuente inmediata de autoridad para imprimir, encuadernar y vender libros. Sin perjuicio de la autoridad suprema de la Corona, en Inglaterra el poder de los dueños de papelerías sobre el sector editorial era absoluto. Ningún miembro de la asociación y a propósito, casi todas las papelerías inglesas eran miembros, podían publicar una obra sin su consentimiento. La asociación tenía el poder de detectar, confiscar y destruir tales obras. Los derechos de las papelerías eran perpetuos y pasaban de una generación a otra. Los escritores no tenían ningún lugar en la asociación.” (Goldstein 1999:75)

[2]  El Estatuto de Anne, inventado para proteger a los editores, duraba 14 años prorrogables a 14 más si se solicitaba, y que “reconocía a los autores facultades puramente patrimoniales (de posesión y propiedad), nunca morales (de reconocimiento público sobre la autoría)” (Sádaba 2008:31). Según este autor, el surgimiento del Estatuto de Anne supone una censura sobre las publicaciones, no como fomento de la creación, algo que considera se desarrolló en Francia con la legislación que surgió tras le Revolución Francesa ya en 1793, y Estados Unidos.