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Todo reservado o todo libre, cada uno tiene su justificación

por | Ene 24, 2013 | Creative Commons | 0 Comentarios

¿Por qué dejar todo libre o reservar todos lo derechos? En otras entradas ya he hablado sobre la historia de los derechos de autor, y he esbozado un poco sobre los límites que establecen el Copyright y los derechos de autor europeos. Ahora me parece interesante intentar entender el por qué de cada postura, que no es tan malo el lobo como lo pintan.

Los que creen que todo debe ser reservado consideran que “por un lado, deben existir unos límites al mismo [al derecho] para garantizar que todos podamos acceder a dichas obras y, por otro, es necesaria su existencia para promover la actividad creadora intelectual de los artistas.” Y por esto “es necesario encontrar un equilibrio entre ambos derechos legítimos, para que uno no prime sobre el otro, o se limiten recíprocamente.” (Serrano 2000:24) Es decir, creen que es preciso el incentivo económico en cada creación para que el artista no dedique su tiempo a intentar buscar ingresos para vivir en otras partes, y dedique su tiempo a crear. Tiene su lógica.

En España, las sociedades de gestión de derechos (como la SGAE, DAMA, VEGAP)  se encargan de la recaudación y reparto de las ganancias entre sus socios. El problema es que, por lo menos la SGAE, tiene una forma poco transparente y poco horizontal de reparto de dividendos. Por ejemplo, lo que se recauda de bares, pubs y demás locales comerciales, se reparte entre los artistas que más han vendido en el año. ¿Qué pasa si yo en mi bar sólo pongo punk? ¿Qué pasa si pongo música americana cuya gestión de derechos no depende de la SGAE? Pues que se lo lleva de todas maneras un autor socio de la SGAE. No es justo. Recuerdo hablar con uno de los abogados de la SGAE y preguntarle por qué en los bares y pubs, que en la actualidad en su gran mayoría ponen música desde el ordenador, no se pone un programa que recoja el registro de la música que se ha puesto durate el mes, de forma que se pueda hacer un reparto equitativo y en función de la realidad. Le faltó reirse en mi cara. Parece que para ellos las cosas están bien como están (teniendo en cuenta que tienen más votos aquellos que generan más ingresos para la SGAE, no me extraña).

Y sin embargo, no te puedes librar de ellos. Según la legislación vigente, un artista no puede realizar la gestión de sus propios derechos, tiene que ser a través de una sociedad. No puedo ir yo a la sala donde he dado un concierto a recoger lo que me toca. Suponiendo que yo, además de mi caché quiera cobrar el plus por comunicación pública, claro. Ni puedo ir a la radio a cobrar lo que me toca. Me parece muy lícito querer cobrar por tu creación ese incentivo por tu creación si crees que debe ser tuyo. No lo niego, cada uno que haga lo que quiera con sus “propiedades”.

Otros podemos pensar que la cultura no son propiedades que pertenezcan a nadie y que su difusión debe de ser algo libre y gratuito, claro. Mi punto de vista, y los de los que creen y formulan licencias libres es, como dice Sádaba, que la legislación no es neutral, y la reglamentación en cuanto a propiedad intelectual se refiere supone una forma de solventar las fricciones mercantilistas de las industrias, aunque su misión inicial fuera la de intentar congeniar intereses públicos y privados[1].

Según Rodríguez Moro: “Una licencia, en referencia a las obras de propiedad intelectual, es un documento, escrito o electrónico, en el que se deja constancia de todo aquello que se permite y no se permite hacer con una obra y bajo qué condiciones.” (García 2008:168) La propiedad intelectual tiene la particularidad de generar derechos con el mero hecho de su creación, tal como es entendida en la legislación de todos los países occidentales. Esto significa que según el pintor levanta el pincel, o el músico acaba de escribir o grabar la última nota se genera valor y protección sobre la obra. Si el autor no dice nada, por omisión, se sobrentiende que la protección que recae sobre la obra es la de todos los derechos reservados. Pero actualmente se están gestando otras fórmulas que permiten sea el autor el que decida qué derechos reservar.

Hay dos actitudes frente a la propiedad intelectual, una más colaboracionista, y otra prohibicionista. Todos coinciden en el crecimiento del valor económico de la propiedad intelectual, y en la importancia y el esmero que requiere una regulación adecuada. Los que abogan por una legislación más prohibicionista ven el contexto de Internet como un entorno muy difícil de controlar, donde de entrada la propia arquitectura de Internet supone un problema, por la memoria caché[2], la facilidad de copia y distribución, y la ausencia de ubicación física en muchos casos[3]. La copia es un derecho que puede ejercer el individuo de forma privada, pero copiar para un amigo supone un delito, y en todo caso cada copia supone una pérdida para los derechohabientes (García 2008). La razón de más peso para apoyar esta postura es el hecho de que el altruismo no es deseable económicamente, y si no hubiera un beneficio económico los creadores no crearían porque tendrían que emplear su tiempo en otras cosas para poder vivir (Sádaba 2008). El incentivo económico para potenciar la creación es la baza sobre la que juegan aquellos que consideran que deben estar todos los derechos reservados.

Los que consideran que se debería abrir la cultura y bajar la restricción de la legislación para que se puedan generar otras creaciones a partir de las ya existentes piensan que se va a seguir compartiendo, y es importante porque “para crear busco y utilizo los recursos ya generados. Leo libros sobre lo que voy a escribir, escucho música que me va a inspirar y servir de guía para mi creación, etc. Es lo que se llama en economía andar a “hombros de gigantes”.”[4] (Benkler 2006:37). Reducir el acceso hoy supone para ellos reducir la creación mañana. Perciben esta hostilidad como una intención de que el usuario mire y no toque que sólo conseguirá que la acción no se elimine sino que pase a un nivel clandestino; se está empleando mucha energía en prohibir algo que podría ser más positivo y creativo para la sociedad y la economía (Jenkins 2008). No consideran el incentivo económico la única motivación[5] que genera productos, y creen que se debe dar más peso al beneficio social que supone la apertura del acceso que al beneficio individual[6] que este supone (aunque es algo que también contemplan los que prefieren que sobre la cultura haya más control, es más, dentro de nuestra legislación encontramos en artículo 31.2 de la Ley de Propiedad Intelectual, que comenta que en caso de que hubiera conflicto sería el interés privado el que se debiera de sacrificar en beneficio de los intereses generales de la comunidad) que ayuda al capitalismo y a la globalización y mercantilización de la cultura.

Pero, claro, todo esto depende de con qué cristal se vean las cosas. El que legisla parece ser que de momento lo ve de una forma muy concreta, pero el hecho de que cada día más lo veamos de otra manera creo que a la larga llevará a un cambio. Para mí lo realmente importante es el respeto. Respetar lo que los demás crean oportuno, que cada uno pueda hacer y compartir como considere más ajustado a sus creencias. Respetar y ser respetado.

 


[1] “La Red cambia algunas de las respuestas a cuestiones tradicionales sobre propiedad intelectual en tanto que es más fácil y  barato hacer y distribuir copias. Las respuestas a las dos primeras no cambian, pero a las dos últimas sí. ¿Qué está bien (moralmente)? ¿Qué es legal? ¿Qué es práctico? ¿Qué tiene sentido comercial?” (Dyson 1998:167) Traducción de la autora.

[2] Para facilitar y hacer más rápida la navegación, el sistema crea memorias caché de la información, copias dentro del ordenador de la información de las páginas sobre las que el sistema puede volver cuando lo precise. Hay que tener en cuenta que el derecho que más se viola en estos momentos es el de reproducción.

[3] Las actuales redes P2P no están ubicadas en ningún sitio, sino en cada ordenador de cada usuario de los que las usan. Por esto es más difícil el control de los usuarios y del contenido. Las primeras no funcionaban así, la ubicación de toda la información sobre el mismo servidor es lo que hizo que se pudiera acusar a Napster (Lessig 2009) De hecho esta falta de ubicación es lo que ha generado en parte la polémica con las redes P2P, donde hay autores que no las ven mal por ser una forma de compartir entre amigos (Lessig 2001), también genera duda el hecho de que es el propio autor el que puede colgar su obra libremente (García 2008), otros creen que sí hay acción ilegal pero que no son los usuarios los directamente responsables (Serrano 2000), otros simplemente consideran que es difícil decidir porque en esas descargas no hay lucro (2008)

[4] Traducción coordinada por el profesor de la Universidad de Málaga Florencio Cabello sin editar

[5] Benkler observa que el individuo tiene dos tipos de motivación. Una intrínseca (el placer o satisfacción que le genera) y las extrínsecas (como el beneficio económico), que excluyen a las primeras porque combinadas ambas perjudican la autoestima del individuo además de presionar a la persona.

[6] “La libertad de acción de los individuos que desean producir información, conocimiento y cultura está siendo sistemáticamente recortada con el fin de proteger los beneficios económicos demandados por los productores de la economía de la información industrial.” (Benkler 2006:25) Traducción coordinada por el profesor de la Universidad de Málaga Florencio Cabello sin editar.

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