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¿Música electrónica = música libre?

por | Abr 25, 2013 | Artículos | 2 Comentarios

Yo no he sido nunca especialmente fan de la música electrónica, con lo que para mí, al iniciar mi investigación sobre música y licencias libres, centrando mi atención en Miga Netlabel, se abrió una puerta a un mundo nuevo por explorar. Comprender mejor la música electrónica como manifestación del arte contemporáneo actual fue una tarea bastante gratificante y frustrante a la vez. Lo primero, por la coherencia de las intenciones con la estética global de la música y de la visión del artista, con la que he encontrado además muchas coincidencias con mi forma de entender ambas cosas. Lo segundo, por la inexcusable ausencia de atención prestada a esta música por parte de escritores, historiadores, musicólogos…. vamos, el mundo académico y editorial; que casi limitan (al menos en castellano) la lectura a un libro que fue publicado hace ya unas décadas, y por tanto necesita una actualización para poder hablar de lo que hoy en día acontece.

Y a pesar de ello, Loops es un libro excelente para entender el fenómeno de la música electrónica desde sus inicios, y la filosofía que subyace. Me dio las claves para entender el por qué, el para qué, el cómo… encenciendo una luz en mi mente con respecto al fenómeno Netlabel que me hizo comprender que no es casualidad que la mayoría de Netlabels publiquen música electrónica[1] (entendiendo Netlabel como sello que publica música de forma digital y gratuita, porque si no igual deberíamos de hablar en otros términos), y yendo más allá de la obviedad de la evidente pasión por lo tecnológico y digital de los usuarios y creadores de esta música.

En las primeras páginas de Loops encontramos esta idea: “se autodefine como “música de máquinas”. Esto se evidencia en el nombre genérico “techno”, y se aprecia en la reverencia por piezas específicas de equipamiento. (…) Los músicos electrónicos describen su labor como “investigación científica”, e imaginan el estudio como un laboratorio de sonido.” (Blánquez 2002:16) Así que, no sólo es una música que no sería posible sin el apoyo de la tecnología, sino que es invadida por una filosofía futurista y basada en la máquina como eje central de la producción.

Hay una voluntad de búsqueda y experimentación con la sonoridad que cada aparato puede aportar, incluso a veces explotando aquello que se podría considerar un uso erróneo del mismo. La finalidad estética es lo mecánico e industrial, lo inhumano, algo que distancia radicalmente a este género musical de limagen 1a búsqueda sonora del músico tradicional. Y este aura se consigue a través de timbres sintéticos y artificiales que intentan llevar al oyente a través de un viaje físico por el sonido puro[2], más allá de la organicidad que aporta el que se extrae de un instrumento que es ejecutado de forma manual. Y no voy a detenerme en este momento en las características musicales, por no alargarme más de la cuenta, pero sí destacaré que la pretensión estética es la idea de que el proceso es más importante que la interpretación en sí. El viaje, la textura o la experiencia resultan mucho más importantes que el resultado final; algo que produce muchas críticas entre comunidades artísticas, por considerar que la pretensión es meramente sensual y por tanto vacía de contenido y sentido. Sí, su voluntad es más de forma y función que de contenido o significado. ¿Y?

El hecho de no haber melodías destacables ni temas de importancia hacen que tampoco haya discos significativos, pero sí mucho material y propuestas sonoras interesantes que los artistas de música electrónica están habituados a reutilizar y remezclar. La remezcla es parte de la esencia de esta música. Se toma por resultar interesante un sonido concreto o un ritmo, sin miedo y sin pedir permiso. Es habitual esta práctica y no es juzgada negativamente por las personas que crearon la obra original, en todo caso es más un halago. En este sentido se puede comparar con la música negra, en la que el material es reaprovechado para aportar algo nuevo, creando un flujo musical continuo. La tecnología y la arquitectura de esta música permiten la rápida absorción y transformación continua partiendo del mismo material original. Dentro de la cultura electrónica hay una percepción de autoría muy diluida y muy abierta[3], donde todos aportan y colaboran a la evolución de este género.

Pero se puede ir más allá y hablar de que su deshumanización estética es coherente con una voluntad democrática. Hay una revuelta contra el fenómeno fan que es tan característico en todos los estilos musicales desde mediados del siglo XX. El artista de música electrónica no desea la fama ni la personalización de sus creaciones (auqnue esto hoy en día está cambiando, acercándose cada día más a eso de lo que en origen se quería alejar), por este motivo trabaja con pseudónimos que mantienen su anonimato (algunos suelen cambiar con asiduidad este álter ego, en ocasiones en función de con qué discográfica editan, otras en función del tipo de música que crean, otras simplemente como un juego). Algo que produce una sensación de distanciamiento que es potenciada por la despersonalización de los nombres elegidos, muchas veces técnicos o numéricos. La identificación del público es con la obra, no con el artista.

Otro elemento que lleva ajavicaptcha la conclusión de la deshumanización y democracia es la filosofía anticorporativista, que no está sustentada en cuestionas políticas o estructurales, sino que es más bien consecuencia de la idiosincrasia del estilo. Aunque no se puede negar un cierto posicionamiento contra la cultura de masas y una actitud de culto elitista[4]. Dado que una única persona puede acometer todo el proceso creativo y productivo de un disco, es habitual prescindir de los entornos habituales de edición discográfica.

Por esta idea de compartir libremente, incluso antes de que las licencias Creative Commons o Internet existieran, y la actitud contra las grandes discográficas, y anticorporativistas; considero que la música electrónica, nacida libre desde sus inicios no hizo más que encontrar la horma de su zapato con el nacimiento de los Netlabels. Y ahora que parece que este fenómeno está en un momento un tanto controvertido por diversos motivos, otros formatos libres están surgiendo a su alrededor, como la propuesta de l agente de Captcha Family, que aproveha esa mejora en las conexiones y en los medios digitales de los que se dispone para dar un paso más allá. Ante todo sigue siendo una música libre y viva.

 


[1] Hay varios estudios que se pueden consultar al respecto, el más conocido es el de Galuszka, del que se pueden encontrar varios archivos. También interesante el de Timmers, en la misma línea del anterior aunque más escueto.

[2] “La música electrónica de baile es intensamente física en otro sentido: está diseñada para escucharse en enormes y espectaculares sound systems de club. El sonido se convierte en un fluido que rodea al cuerpo en una íntima presión de beat y bajo. Las bajas frecuencias permean la carne, consiguen que el cuerpo vibre y tiemble. El cuerpo entero se convierte en una oreja.” (Blánquez 2002:20)

[3] “Brian Eno ha llamado a esto el síndrome scenio, haciendo un juego de palabras con “escena” y “genio”. Argumenta que nuestras viejas nociones románticas del autor, eternamente brillante, son precisamente eso: “demasiado románticas, pasadas de moda”. Y clama por una noción de creatividad menos personalizada, mezcla de teoría cibernética y bucles de comunicación.” (Blánquez 2002:27)

[4] “La oposición de la electrónica hacia la industria no está basada en principios políticos, sino estéticos: la idea de que el mainstream diluye la música underground, embota el riesgo de la música, embellece su crudo futurismo, lo convierte en mero pop. En una crucial paradoja, las escenas dance son populistas, pero se oponen a la cultura pop en el sentido más débil, universal de la palabra. Su populismo toma la forma de unidad tribal contra lo que perciben como una homogénea, blanda y fría cultura de masas.” (Blánquez 2002:31)